Obispo Oscar Cantú Mensaje Pascual, abril de 2020

Obispo Oscar Cantú Mensaje Pascual, abril de 2020

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El día de hoy estamos presenciando un sufrimiento extenso.  Y en las historias de sufrimiento, somos testigos de la fe, la esperanza, y el amor que sostienen sacrificios.  Desde aquellos que fueron confinados a sus habitaciones a bordo de un crucero,a aquellos que han perdido a un ser querido  poe el Coronavirus, hasta los profesionales médicos quienes valientemente ponen sus vidas a riesgo para cuidar de los demás – la gente sufre. Cada uno de nosotros estamos haciendo sacrificios. Algunos hacen sacrificios grandes, como el personal médico, quienes a causa de exponerse por cuidar a los enfermos, no pueden regresar a su hogar para estar con sus familias. Otros, como la mayoría de nosotros, se sacrifican diariamente al quedarse y trabajar desde su casa.  Y una gran cantidad de personas sin precedente están perdiendo su empleo, su ingreso, su seguridad, y más. 

Al iniciar nuestra celebración Pascual, los invito a reflexionar pensando en el mosacio del “Árbol de la Vida” en la Basílica de San Clemente en Roma.  Nos presenta un enetendimiento profundo de lo que significa el sufrimiento redentor, el cual nace del sacrificio de Jesús en la Cruz. 

El mosaico representa a Jesús en la Cruz, con María y San Juan al pie de la Cruz.  Desde la base de la Cruz brota una gran vid con extensas ramas que llenan el resto del mosaico, el cual nos recuerda a la descripción de Jesús  a  sí mismo como la Vid (Jn 15:5). Justo debajo de la raíz de la vid hay un manantial de agua que fluye hacia afuera (Jn 4, 7-15; 7,37-39 Jesús el  “agua viva”).  Los ciervos son representados bebiendo de la corriente.  Las ovejas y otros animales también se refrescan con las aguas que fluyen (Sal 23:2)

Así, la Cruz se presenta como el nuevo “Árbol de la Vida”, ya que da vida a todos los que están conectados a ella a través de las ramas de la vid.  Las diversas figuras representadas a lo largo de las ramas son personas de diferentes caminos de la vida: funcionarios, académicos, granjeros y pastores.  A pesar de sus diferentes estados en la vida, su riqueza o pobreza, educación o habilidad, todos están conectados a la vida a través de la vid.  Derivan su vida y su significado de la Cruz de Jesús.

Al celebrar el Misterio Pascual (el sufrimiento, la muerte y la resurrección de Jesús), contemplamos el punto clave de inflexión en la historia humana, cuando Jesús transformó el significado del sufrimiento.  Lo hizo redentor.  Con Jesús, el sufrimiento se volvió sacrificial (literalmente, “lo hacesagrado”).  El sacrificio puede tener un significado profundo cuando se ofrece con fe, esperanza y amor.

A pesar de los sacrificios, grandes y pequeños, que estamos presenciando en estos días, y quizás debido a estos sacrificios, parece haber un sentido de solidaridad. Como señaló recientemente el Papa Francisco, “todos estamos en el mismo barco.”  En la Pascua, y en el contexto de la pandemia del Coronavirus, los Cristianos recuerdan al ­único, Jesucristo, quien hizo que el sufrimiento no sólo sea valioso, sino redentor, contribuyendo a la salvación eterna de nuestras almas.

En el mosaico del Árbol de la Vida en la Basílica de San Clemente, mientras la vida florece y se arremolina alrededor de las ramas de la vid, todos están conectados a la fuente de la vida y el significado – Jesús victorioso en la Cruz.

Ahora más que nunca en estos tiempos difíciles, estamos invitados a saciar nuestra sed espiritual en las aguas vivas, Jesús mismo.  Tal vez el salmista describió de mejor manera el anhelo de nuestros corazones, “Como el ciervo sediento busca  las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía” (Sal 42:1).

Es en este contexto de fe y esperanza que les deseo a todos una Santísima Pascua.

Obispo Oscar Cantú


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