Algo Gracioso Sucedió en Camino al Vaticano

Algo Gracioso Sucedió en Camino al Vaticano

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Por lo general, las visitas Ad Limina (“al umbral de los apóstoles” en latín) de los obispos al Vaticano suceden cada cinco años. Por varias razones, las visitas no se llevaron a cabo en años recientes.  Habían pasado ocho años desde la última visita Ad Limina.  Hace ocho años, yo era el obispo auxiliar de San Antonio y asistí a la visita Ad Limina con el Arzobispo Gustavo García-Siller.  El Papa Benedicto estaba en su puesto en ese tiempo. 

Esta vez, llegué a Roma el domingo, 26 de enero, alrededor del mediodía.  Desafortunadamente, mi equipaje no llegó junto conmigo.  La aerolínea me explicó que mi maleta llegaría en el vuelo de la tarde desde Múnich, por donde había pasado yo en mi itinerario, y que me entregarían la maleta al día siguiente.  Les dije que necesitaba mi maleta esa misma tarde, ya que tenía una cita muy importante por la mañana al día siguiente.   

Después de la misa matutina en la tumba de San Pedro, los obispos de la Región XI (California, Nevada, Hawaii) teníamos una cita con el Santo Padre, Papa Francisco.  Aunque el Papa Francisco ha restado importancia a ciertos protocolos en el Vaticano, aún permanece el protocolo general que los obispos lleven puesta su sotana al encontrarse con el Santo Padre (la sotana larga y negra con ribete magenta).  La mía estaba dentro de mi maleta, aún en Múnich.  

Muchos de ustedes conocen al Padre Joe Kim, el previo director de vocaciones, quien ahora está estudiando su doctorado en teología en Roma.  Rápidamente me empezó a ayudar, sabiendo que seguramente la aerolínea no me entregaría mi maleta a tiempo, e indagó si alguien tenía una sotana para prestarme.  Encontramos varias sotanas en el colegio donde me hospedé, pero ninguna me quedó. (Les menciono que el Obispo McGrath me ofreció la suya.  Yo le dije que no.) 

De nuevo, el Padre Joe fue más allá de sus requerimientos del estudio teológico y encontró una sotana que me quedó perfectamente.  La encontró en el Colegio Filipino.  ¡Muchas gracias a los sacerdotes filipinos!  Las primeras doce horas en Roma fueron un vaivén de emociones. 

A pesar de lo ocurrido a causa de mi atuendo y el protocolo, yo sabía que al Papa Francisco realmente no le importaría lo que llevara puesto, así es que me concentré en el contenido de nuestra junta.  Los obispos de nuestra región estuvimos con el Papa Francisco por tres horas haciéndole preguntas y ofreciendo comentarios. El Papa Francisco nos escuchó y era paciente, energético y vivaz, atento y sabio, humilde y agradable. Después de un par de horas, los obispos demostrábamos señales de que nos afectaba el cambio de hora, y el Santo Padre seguía fresco y energético.    

Entre otros temas, hablamos sobre la crisis de abuso y como ha afectado nuestro ministerio, sobre la necesidad de evangelizar a nuestras familias- especialmente a los jóvenes – sobre los desafíos de una cultura secularizada, los retos de la salud mental, y cómo la política polarizada ha afectado la Iglesia. En efecto, al Papa Francisco creó un ambiente acogedor para el resto de la semana- un ambiente donde dialogamos y aprendemos unos de otros. 

El diálogo realmente fue el enfoque de nuestras juntas restantes.  De hecho, era uno de los mandatos presentados por los cardenales al nuevo Papa Francisco: crear una cultura en el Vaticano que se basa en el diálogo y en responder a las preocupaciones de los obispos y de la gente a quien sirven. 

Me voy de Roma sintiéndome alentado, renovado, y espiritualmente fortalecido.  La visita Ad Limina realmente fue una experiencia de fomentar unidad dentro de le Iglesia. 

Salgo de Roma junto con mi equipaje que eventualmente me entregaron.  Ahora queda la pregunta: ¿Llegará de regreso a San José? 

Obispo Oscar Cantú