Las Heridas Dan Vida

Las Heridas Dan Vida

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El Obispo Cantú relata lo enorme de la rama del árbol.

Por Rosie Zepeda

Hace tres años, el marido de Marlene Harden, David Rodríguez, fue asesinado en una invasión residencial en el pueblo de Los Gatos. Todavía incrédula de su muerte, Marlene comparte: “Este año hubiéramos celebrado nuestro 20 aniversario de boda. Cuando recién murió estaba anonada, entumecida, pero ahora me viene y me va.” Al preguntarle el por qué decidió combatir el tráfico horroroso para asistir a la “Misa en Memoria de las Víctimas y Sobrevivientes de Violencia” que tomó lugar en la párroquia de San Juan Bautista en la ciudad de Milpitas el 21 de noviembre, humildemente responde: “Despúes de la muerte de mi marido tuve que aprender a recibir ayuda. Sabía que si asistía a esta Misa me iba ayudar a sanar.”

Acompañado del Padre Eddie Obero, del Vicario de Evangelización, Padre Gerardo Menchaca, el Padre Daniel Urcia, Diácono Michael Haas, y Maestro de Ceremonias el padre Jeff Hernandez, el Obispo Cantú condujo esta Misa especial, su predicación centrandose en el relato de la rama caída, durante un retiro en San Luis Potosí, México.

“Al caminar me encontré con un arból masivo, pero al acercarme me di cuenta que no era un arból, pero una rama del arból que habia brotado de la tierra. Todo lo que crece mira hacia arriba, hacia la luz, en solo esa dirección. Esto me señaló éste pensamiento: Las raíces que se siembran con el amor de Dios, un Dios que sana, un Dios que brinda vida, que me deja continuar caminar, para amar y poder caminar como el sanador herido. Cuando Jesús muere en la cruz, los discipulos, se encuentran enojados y preguntan, buscando respuestas:

“Por qué no se escapa de los que lo querían matar?

“Es en ese momento que aparece Dios. Les enseña a los discípulos las heridas de su sufrimiento, las heridas de su muerte, para recordarles a los discípulos, a ustedes, a mí, que sufrío por amor. Jesucristo convirtió ese odio en amor. Ese amor se convirtió en vida. Esto es lo que se nos llama. Lo que podemos cambiar, es como llevamos esas heridas. Hay que llevarlas con esperanza, con amor, porque estas heridas dan vida.”

Bajo la dirección de Joanne Wang, un coro bilingüe cantó bellos himnos al principio y final de la liturgia. Las víctimas fueron honradas de varias maneras: cade de de sus nombres fue leído individualmente en voz alta, seguido por el sonido cristalino de una campana de sacristía, a la vez que un miembro de su familia camina hacia el altar con una pequeña vela entre las manos. Al final permanecen 15 almas en el altar, representadas por los las 15 velas, parpadeando juntas, individualmente brillantes, recordadas con amor por todos presents en la misa.

El Director Asociado de la Oficina de Vida, Justicia y Paz, Leland Campbell, da la gracias a todos aquellos que juntos trabajaron para crear una noche de recuerdo amoroso para las familias de los fallecidos. Después de la Misa hay un convivio para las familias con aperitivos preparados con mucho amor por “las doñas de San Juan Bautista.” Cocinaron su especialidad: “pollo dorado San Juan Bautista” que desaparace en minutos, al igual que los rollos chinos, estilo Shahnghi.

Christine Haynes, que vino desde la ciudad de Hayward, supo de la Misa por Beatrice Fitzpatrick, una miembra de grupo de apoyo nacional: Padres de Hijos Asesinados, conocido como POMC. Cuando se le pregunta qué fue lo que le tocó más fuerte de la Misa, sosteniendo su llanto, compartió: “Mi hijo fue asesidano hace 5 años. Este año hubiera cumplido 29 años. Como la Virgen María, yo también perdí a mi hijo. Aunque llevamos heridas produndas, tenemos que seguir adelante con amor, tenemos que ayudar a otros para poder sanarnos.” En ese momento se le acerca el Obispo Cantú a Christine, toma sus manos en las de él, Christine se desahoga en llanto, respira profundo y con un susurro dice, “gracias.”