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“Formación de Fe del Adulto en la Oración”

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Un Líder espiritual dijo una  vez: “Cuando yo era joven, fui un revolucionario.  Por lo tanto mi oración a Dios era la siguiente: “Señor, dame la energía de cambiar al mundo.”

“Cuando llegue a la edad media, realice que la mitad de mi vida se había ido sin ni siquiera cambiar a una sola persona.  Por esta razón cambie mi oración a lo siguiente:

“Señor, dame la gracia de cambiar a todas aquellas personas que están a mí alrededor.  Tales como mis amigos(as), mi familia, y con esto estaré satisfecho.”

Ahora que estoy viejo, y mis días están contados, me  he dado cuenta de lo insensato que he sido.  Por lo tanto he cambiado mi oración a lo siguiente.  “Señor, dame la gracia de cambiar yo mismo. Si yo hubiera hecho esta oración desde el comienzo, mi vida no hubiera sido un desperdicio.”

Todos estamos llamados por Dios a la Oración. Abundan a lo largo de la historia, descripciones de la oración. “Una verdadera oración,” escribió San Agustín, “no es nada salvo el amor.” La verdadera oración debe surgir del corazón. “La oración,” dijo San Juan Vianney, “es el baño de amor al que la misma alma se tira.” “todos nosotros necesitamos media hora de oración al día”, decía San francisco de Sales,  “excepto cuando estamos ocupados – entonces necesitamos una hora.” Existe una gran diferencia entre saber sobre la oración y orar. Sobre este tema la Regla de San Benito es muy clara: “Si un hombre quiere rezar, deja que se vaya y que rece.”

San juan Damasceno dio una definición clásica de la oración: “La oración es la revelación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes”. (Catecismo de la Iglesia Católica número 2559, citando a San juan Damasceno, De Fide Orthodoxa 3, 24).

El Catecismo define claramente la oración como “una relación viviente y personal con Dios vivo y verdadero”. (CIC número 2558) La oración es cristiana “en tanto en cuanto es comunión con Cristo.” (CIC número 2565) y “una relación de Alianza entre Dios y el hombre en Cristo.” (CIC número 2564).

Ahora, vale que nos preguntemos lo siguiente:

¿Por qué rezas? ¿Cuándo rezas? ¿Cómo rezas? ¿Qué estás haciendo para aumentar tu vida de oración? ¿Qué estas aprendiendo de tu lectura espiritual que te ayuda a la oración? Si tienes un director(a) espiritual, ¿Cómo te ha ayudado esto en tu oración?

Tomado y adaptado del Catecismo Católico de los Estados Unidos para Adultos. (Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados Unidos).