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Un Mensaje del Obispo Patrick J. McGrath Sobre la Pena de Muerte

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El Libro del Deutoromio dice. “Te puse delante la vida o la muerte, la bendición o la maldición. Escoge, pues, la vida para que vivas tú y tu descendencia.” Este noviembre nosotros los Californianos tendremos la oportunidad de escoger la vida sobre la muerte. Nosotros tendremos dos propuestas: La Propuesta 62 que abolirá la pena de muerte mientras que la Propuesta 66 afirma la pena de muerte y acelera el paso al proceso para las ejecuciones. Como católicos siempre debemos de escoger la vida: desde el punto de la concepción hasta el final de nuestra vida natural. En este Año de la Misericordia nosotros estamos invitados a ver como nuestra vida escoge no solo afirmar la vida y dignidad de nuestras hermanas o hermanos, pero, al escoger por la vida afirmamos nuestra propia existencia como hijo e hija de Dios.

La administración de la pena de muerte no está afirmando la vida de un condenado a muerte. Asesinando en el nombre de uno quien ha asesinado simplemente perpetua violencia y legitima venganza. El mero acto de asesinar disminuye nuestra propia vida. Nosotros, por lo tanto, no podemos enseñar que matar es un error, si al mismo tiempo matamos a otra persona. La Conferencia Católica de los Obispos de los Estados Unidos ha reflexionado en el uso de la Pena Capital por décadas en los Estados Unidos. Por medio de estudios rigurosos y cientos de horas de consultas nosotros hemos llegado a la conclusión que la pena capital es cruel, innecesaria y arbitraria.

Nuestros estudios han mostrado que los Africanos Americanos y los Latinos son mucho más para encarar la pena capital que los Caucasianos. Los pobres no tienen recursos financieros para asegurar una representación legal especializada. Porque estos no tienen una defensa adecuada, muchas personas inocentes están sentadas esperando la pena de muerte. Un estudio reciente estima que 4.1% de todos los condenados a muerte son inocentes. En segundo lugar, nosotros hemos encontrado que el uso de la pena capital no está disuadido como un crimen violento. La mayoría de los criminólogos no creen que la pena de muerte actúe como para disuadir el homicidio; de hecho, el porcentaje en los estados sin la pena de muerte es más bajo que los estados que usan la pena capital.

Nuestra fe debe ser un signo de esperanza que levanta no solo la vida del que cometió el asesinato, pero nosotros debemos ser signo de esperanza para los que sufren los efectos de tener a un ser querido arrebatado de ellos por las manos de otro. La Conferencia Católica de los Obispos de los Estados Unidos nos llaman a. “Construir una sociedad comprometida a la vida humana que no lleve ninguna sanción de asesinar a ninguna persona.”  Nosotros, debemos de resistir a la tendencia de expresar nuestro dolor por venganza. Nuestra oposición a la pena de muerte está enraizada en la visión del sistema criminal de justicia donde el remordimiento guía a la restauración de tu humanidad y la rehabilitación le lleve a la sanación.

Dios nos llama a escoger la vida. Y en escoger la vida. Yo te pido que ores y consideres apoyar la Propuesta 62 que deroga la pena de muerte y te opongas a la Propuesta 66 la cual expedirá las ejecuciones en California.