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Todos los Santos: el Sentido de la Muerte y la Muerte del Sentido.

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Por Feliciano Tapia

Los gozos, las tristezas, las angustias y las esperanzas del ser humano, son también los gozos, las tristezas, las angustias y las esperanzas de la Iglesia. Con estas palabras el Concilio Vaticano II nos invita a comprender el ser y la misión de la Iglesia en el mundo actual (Gaudium et Spes, 1). No hay contradicción entre lo más auténticamente humano y lo más auténtico de la fe cristiana y el ser iglesia. Este principio nos sirve de guía para reflexionar sobre la muerte y la vida especialmente en este tiempo y en concreto en el mes de noviembre.

Desde el ámbito de la fe celebramos a todos los fieles difuntos y también celebramos la vida de todos los santos, es decir, de todas las personas que –vivos o muertos- viven el camino de santidad al que todos somos llamados. Desde sus inicios la Iglesia ha celebrado a sus mártires junto con Juan el Bautista. Entre Diocleciano el gran perseguidor de los cristianos y Constantino el gran pacificador (siglos III y IV) aun no sabemos con certeza quien hizo más daño a la Iglesia. Pero es desde entonces que celebramos la realidad de la muerte y de nuestros muertos como Iglesia. Desde el ámbito de la cultura, es también desde el principio que cada grupo humano ha buscado abrazar el sentido de la muerte y el sentido de la vida.

Así, junto a la antigua celebración Celta de las cosechas y los santos difuntos (hallows en el ingles antiguo), tenemos el origen del Hollow’een (contracción de todos los santos, all hallows). Así las culturas prehispánicas han sabido honrar a sus muertos desde antes de la llegada que nos dieron los europeos. El Día de Muertos al modo como lo celebran el pueblo y en especial los indígenas es una muestra clara de una inculturación del evangelio. Los rezos, las flores, los altares y celebraciones, el templo y el panteón, las luces y los colores, los gozos, las tristezas y las esperanzas se juntan para expresar armoniosamente el sentido cristiano y el sentido cultural de la vida y de la muerte. De la comunión de todos. La muerte y los muertos cobran sentido y tienen un gran valor en el día de los fieles difuntos, de todos los santos, el Día de muertos y hasta en el Holloween.

El problema es cuando la muerte y sus celebraciones van perdiendo sentido. La catrina de los catrines en México que ignoran el sentido indígena y popular, o los que ridiculizan o rechazan el auténtico sentido del Holloween o de todos los santos. La cultura de los zombis (walkind Dead) es una muestra de la decadencia o pérdida del sentido. Aun así, los más inteligentes y críticos, del mismo gremio por supuesto, le han dado el máximo puntaje en la TV. Por eso hablamos del sentido de la muerte y de la muerte del sentido.

Empezamos a morir desde el momento en que nacemos y en la medida y modo en que sepamos honrar, abrazar y celebrar la muerte en esa medida sabremos celebrar, abrazar y honrar la vida. La propia y la de los demás. La conciencia de la muerte es un reflejo de la conciencia de la vida. En Jesucristo ambas dimensiones se desarrollaron a plenitud de sentido. Sigamos caminando en esta vida, viviendo y muriendo, amando y esperando en el Espíritu de quien nos declara dichosos y felices por tener el espíritu del pobre y caminar en los senderos del reino de Dios donde se sabe sufrir y se sabe consolar; dichosos todos, vivos y difuntos en Holloween o Día de muertos, porque tienen como eje de su vida la justicia y la misericordia. Que la vida y la muerte limpie nuestro corazón para ver a Dios ahora y siempre (Mt 5,1-12). ¿Qué sentido doy a la muerte? ¿Cómo celebro la vida?

Puerta-Santa