Mensaje de Navidad de Nuestros Obispos

Mensaje de Navidad de Nuestros Obispos

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Diciembre de 2018

Queridos hermanos y hermanas,

De Cristo que fue, quién es y quién ha de venir, ¡gracia luz y paz estén con ustedes!

La llegada del fin de año coincide con nuestra observancia anual de Adviento y Navidad. Al recordar un año que, en muchos sentidos, ha sido terriblemente triste y decepcionante. Sin embargo, todavía estamos llenos de esperanza en vista de lo que está por venir. Esta esperanza se basa en quién vendrá: nuestro Señor Jesucristo.

Las semanas previas a la Navidad nos animan a ser uno con los profetas que predijeron la venida del Señor mientras esperaban fervientemente el fin de la esclavitud y el cautiverio que tan a menudo marcaban la vida del pueblo de Israel. Incluso ahora, vivimos en esta misma esperanza, ya que tan a menudo cantamos. “Ven, ven, Emmanuel, y rescata a Israel de su cautiverio.” Nos regocijamos porque confiamos en que, a pesar de todo, Dios está con nosotros.

El Adviento también sirve para ayudarnos a prepararnos para celebrar el nacimiento del Señor, rodeado del amor de María y José, el canto de los ángeles y el testimonio de los pastores. Miramos con cariño a esa primera Navidad como la razón de nuestra celebración muchos años después.

Estas semanas antes de Navidad nos desafían a ver y dar la bienvenida al Señor que irrumpe en cada una de nuestras vidas con la misma certeza con que entró en la vida y la historia de la humanidad hace mucho tiempo en Belén.

¿Dónde reconocemos al Señor hoy? ¿Nos permitimos escuchar su voz hablándonos a través de las Escrituras? ¿Nos encontramos con su amoroso cuidado por nosotros en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía? ¿Lo conocemos el uno en el otro y en los pobres y necesitados que llaman a las puertas de nuestras vidas? Hoy, en diciembre de 2018, los padres y los niños pequeños, no muy diferentes de la Sagrada Familia, buscan asilo debido a la violencia que los amenaza. Llegan a las fronteras de esta nación con la esperanza de que al igual que la Sagrada Familia se encuentren seguros como en Egipto, el deseo es que estas familias encuentren la bienvenida que podríamos reservar para Jesús, María y José.

En espera de la Navidad y el Año Nuevo, no podemos borrar los errores y las tragedias del pasado, pero seguramente podemos volver a comprometernos a nosotros mismos y a nuestra Iglesia con una renovada fidelidad al Señor cuyo nacimiento nos preparamos para celebrar con alegría y amor.

Que esta antigua oración esté en nuestros labios y en nuestros corazones: “Jesús, viviendo en María, ven y vive en nosotros.”

Con nuestros mejores deseos y bendiciones

Sinceramente,

Patrick J. McGrath and Oscar Cantú