Obispo Cantú Preguntas y Respuestas

Obispo Cantú Preguntas y Respuestas

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Photo courtesy of the Diocese of Las Cruces, New Mexico.

(Nota del Editor: El pasado mes de agosto, Liz Sullivan Editora Ejecutiva, entrevistó al Obispo Oscar Cantú, quien estuvo en San José para aclimatarse a su nuevo hogar. Esta entrevista ha sido editada para esta publicación.)

LIZ SULLIVAN: Felicidades y bienvenido a la Diócesis de San José. Empezaré con una pregunta común: ¿Cómo se enteró de su asignación como Obispo y cuál fue su reacción?

OBISPO OSCAR CANTÚ: Sí, recuerdo correctamente, un lunes por la mañana, recibí una llamada del Nuncio Apostólico (Arzobispo Christophe Pierre), y como no tenía el número registrado en mi teléfono y estaba ocupado con el Superintendente de Las Cruces, y cuando vi mi teléfono y noté que el número era de Washington; yo asumí que era una de las personas con las que había yo trabajado en la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB por sus siglas en Inglés). Así que pensé que llamaban con algo no muy urgente, y dejé que la llamada se fuera al contestador automático.

Después de la reunión, escuché el mensaje y noté un acento francés en la voz. El recado decía que era el Nuncio y que por favor le llamara porque tenía NOTICIAS para mí. Entonces le llamé y él fue muy directo, el dijo, “el Santo Padre, el Papa Francisco, te ha asignado como Obispo Coadjutor de la Diócesis San José.”

El Nuncio me dio instrucciones de comunicarme con el Obispo P.J. (Patrick McGrath) y así lo hice. Yo arreglé los detalles de un vuelo para ir San José y fijamos una fecha para anunciar el nombramiento. Esta fecha fue el 11 de Julio. Nos comunicamos varias veces para arreglar los pormenores de mi viaje. He hecho esto algunas veces, cuando tengo que viajar sin informar a otros.

El día de mi vuelo, yo estaba en mi oficina, y me avisaron que el vuelo estaba retrasado, por lo que yo hubiera perdido mi vuelo de conexión, y no hubiera podido llegar a San José a tiempo porque era el último vuelo del día; así que me fui al aeropuerto para ver otras opciones. Creo que era cerca del mediodía cuando yo iba caminando fuera de mi oficina y encontré a mi secretaria; yo solo le dije. -Regreso más tarde, y lo hice, pero fue después de 24 horas o más.

LIZ: ¿Cuál fue su reacción entonces y cómo se siente ahora?

OBISPO CANTÚ: Bueno, para un Obispo, cinco años y medio en el puesto, es corto tiempo. Toma un año o un poco más para conocer el lugar y hacer planes, y otros dos años para cultivar y desarrollar nuevas relaciones en la comunidad. Una gran parte de lo que he hecho estos últimos años, es el ser el Presidente del Comité Internacional de Justicia y Paz del Obispado, lo que requería salir de viaje frecuentemente.

Los compromisos de viaje eran internacionales y me alejaban de la diócesis más tiempo del que a mí me hubiera gustado. También me absorbía mucho de mi tiempo el trabajar con las regulaciones y políticas en Washington, así como asuntos internacionales y eventos.

Ese puesto, requería el escribir cartas al Congreso y al Departamento de Estado, y esto era solo para poder lidiar con lo más urgente, como consecuencia, mi atención estaba dividida y yo no me sentía muy a gusto con esa situación. Sabía que era trabajo importante, pero me encontraba deseando no tener que viajar tanto para poder concentrarme más en planes para la Diócesis.

En enero del 2018, cuando finalice mi puesto de Presidente y con ello, los viajes internacionales, tuve solo cinco meses para estar en casa y en la Diócesis. Sentí que mi energía regresaba y me sentía muy motivado por los meses y años por venir en la Diócesis. Obviamente, la llamada que recibí, cambió todo el panorama.

¿Sabes? Ahora ya lo sé y estoy consciente de ello. Es parte de la vida sirviendo en la Iglesia. Hasta cierto punto, me sentí un poco mal yo mismo y por la diócesis porque no tuvo lo que sería exactamente “un pastor de tiempo completo.”

Sin embargo, se necesita un poco de humildad y esto abre una oportunidad para dar espacio a alguien más, con ideas frescas, y mucha energía para ser el nuevo líder diocesano.

Esto será una nueva realidad para mí. Conozco muchos de los obispos en California y somos amigos. Estoy contento y esperando ansiosamente para trabajar juntos.

LIZ: Hasta cierto punto, podríamos decir que significa empezar de nuevo. ¿Cierto? Está bien.

OBISPO CANTÚ: Una vez que esté aquí, me sentiré feliz. Ahora estoy en el medio de una transición, lo que no es muy emocionante. Si estoy ansioso y contento con mi nuevo puesto y deseoso de conocer la diócesis y los grupos con los que estaré trabajando y colaborando.

LIZ: Cuando Usted conoció a los empleados de la Cancillería, el pasado Julio, después de anunciarlo como nuevo Obispo Coadjutor, mencionó el próximo Sínodo de los Jóvenes, y discernimiento vocacional, ¿qué significa este momento para la Iglesia Universal?

OBISPO CANTÚ: No es solo diocesano o nacional, es un evento global.

El tema de la juventud alejándose de la iglesia, es un asunto del que los obispos han hablado por la última década. Primariamente, observamos que los jóvenes adultos se van de casa, van a la Universidad o se independizan viviendo en otro hogar, y se “des-asocian” de la familia, de sus padres y de la iglesia.

Durante una conferencia de expertos en la materia, escuché algo que me impactó muchísimo. Esto es, que la edad promedio para un joven católico al desasociarse de la iglesia, es de 13 años. Ver jóvenes a tan temprana edad alejándose de su fe es alarmante, pero no es solo la edad, es la realidad de la secularización, es ver cómo esto refleja la estructura familiar y lo que pasa y no pasa con los padres jóvenes. Esto es algo que me preocupa y seguido lo tengo en mente. Creo que es tiempo de empezar a pensar en la Evangelización desde un punto de vista más abierto, más innovador. Pero, yo pienso en una energía real, al mismo tiempo de pensar fuera de la caja acerca de la evangelización.

Podemos tener los mejores programas para niños en las parroquias, pero si ellos van a casa y encuentran un ambiente que no apoya lo que han aprendido, sería como “poner agua en un vaso sin fondo.” Creo que debemos cambiar la catequesis y elevarla a un nivel familiar. Necesitamos contemplar varias perspectivas, diferentes modelos de pensamiento no sólo para una parroquia, no sólo para Las Cruces y no sólo para San José.

Yo pienso a nivel global y particularmente aquí, en los Estados Unidos, tenemos que pensar estratégicamente. Eso es a lo que nos llama la Evangelización, a crear nuevos modelos, a una nueva comunicación con un nuevo entusiasmo y fervor.

LIZ: A lo largo de sus años como sacerdote, Usted ha enseñado en la Universidad de San Thomas y en el Seminario de Santa María, las dos en la ciudad de Houston, esto fue adicional a su trabajo como párroco en un parroquia. Usted tiene también varios estudios académicos de alto grado. ¿Podría comentar en la importancia de la educación para Usted y la Iglesia, desde su punto de vista?

OBISPO CANTÚ: Mis intereses han cambiado del tiempo cuando era niño a el día de hoy, pero siempre tuve predilección por las matemáticas. Creo que lo tengo de una manera natural, pero no tanto en el área de humanidades. Cuando estaba en la preparatoria, tuve un maestro muy interesante que me ayudó a desarrollar un poco el gusto por la literatura, y en la Universidad acabé estudiando una especialización en inglés.

Me gusta mucho la poesía y la literatura, he aprendido la importancia de relatar historias y de cómo relatarlas. Jesús entendía eso. El no publicó el catecismo, el no enseñó a sus discípulos teología sistemática. El les contaba historias, así es como les hablaba. Entonces, allí hay una enseñanza catequética, allí hay una instrucción de cómo contar historias.

Mi interés creció con la teología y me fascinaba la filosofía cuando era un estudiante universitario. Después del Seminario, me mandaron a estudiar un postgrado. La idea era regresar a enseñar en el seminario de Houston. Lo disfruté mucho. Tenía interés en la teología sacramental y eso es lo que estudié y continúo interesado en teología.

Cuando terminé mis estudios y regresé de Roma, le pregunté al obispo de ese entonces, si podría tener la experiencia de ser párroco antes de trabajar tiempo completo en el seminario. Me sorprendió mucho que tomara en consideración mi petición y me hizo párroco, así que tuve la oportunidad de enseñar medio tiempo y disfrutarlo, porque siempre me ha gustado enseñar.

Estuve dando clases a nivel universitario y a nivel de postgrado. Extraño esos tiempos porque me gustaba mucho y lo hice por varios años. Sin embargo, ahora continúo enseñando, pero de diferente manera. Pienso que es bueno y saludable el tener continuos intereses y cultivarlos.

Fui el Obispo Auxiliar de San Antonio y supervisé la Educación Católica, trabajaba muy cerca del Superintendente. También era el moderador de las Universidades Católicas en la Arquidiócesis, tres universidades católicas, un Colegio y un seminario. Fue muy interesante y lo disfruté mucho porque mantenía la llama de mi identidad católica. También tenía que estar abierto a estar en comunión no sólo con los laicos, sino también con el líder de la iglesia y su pastor.

Yo creo que ése fue un período importante para mí porque pude practicar los elementos del diálogo. Hay diferentes etapas de diálogo, es muy importante reconocer la dignidad de un individuo, así como la dignidad de una institución pero también presentarles retos y retarlos a crecer. Estoy ansioso por trabajar con las escuelas y las universidades, es una parte de mi vida que ha influenciado quien soy ahora.

LIZ: Su lema episcopal es.”El celo por tu casa me devora.” ¿Podría hablar un poco de porqué escogió ese lema?

OBISPO CANTÚ: Tiene un doble significado. Cuando pensamos en la casa de Dios, pensamos que es después de esta vida. Yo me refiero a un deseo fervoroso de estar con Dios en una alegría y una paz perfecta, pero también “aquí,” “ahora” es la casa de Dios.

Cuando el Papa Francisco fue a la ciudad de México, el habló de construir un hogar digno para la persona humana. Yo estoy conmovido por la profundidad del mensaje de Nuestra Señora de Guadalupe. Su mensaje es de la dignidad humana. Es un mensaje de eclesiología, Ella envió a Juan Diego a construir su iglesia, y lo hizo el protagonista como persona laica siendo una persona con muy poco o nada de nivel o reconocimiento social. El Evangelio habla de eso, de cómo cada uno de nosotros tiene su dignidad de cuando fuimos bautizados y de que tenemos la obligación de evangelizar.

Nuestra Señora de Guadalupe, hace más de 500 años, fue la primera en darnos un ejemplo elocuente de lo que es la nueva evangelización, lo que los españoles no fueron capaces de hacer.

Ella llegó con su sabiduría y su cariño maternal, respetando la dignidad de los indígenas, le habló a San Juan Diego en su propio idioma, se apareció en su propia cultura e utilizó en su imagen, los símbolos que los indígenas entendían, en su imagen, les contaba la historia completa de Cristo, brindando a ellos luz y dignidad. Su imagen es una imagen que es atemporal, siempre fresca y adecuada cada vez, en todos los tiempos.

LIZ: ¿Qué pueden esperar los fieles de la Diócesis de San José cuando Usted llegue al Valle de Santa Clara, que es como el obispo McGrath gusta nombrar a el Condado de Santa Clara?

OBISPO CANTÚ: Bueno, me hicieron una pregunta similar cuando llegué a las Cruces. La pregunta consistente sería: ¿Cuáles son mis prioridades y qué planes tengo ahora? Mi respuesta es que mi prioridad es conocer la Diócesis. Yo repetiré esto, que no tengo otro plan que conocer la Diócesis. Por lo tanto, en los próximos meses y tal vez un par de años, haré muchas visitas y practicaré el arte de escuchar. Voy a visitar nuestras escuelas, parroquias y comunidades y a observar lo que sucede y cuáles son sus retos y sus problemas.

Paulatinamente, las prioridades comenzarán a emerger, y entonces podremos reunirnos y crear un plan. He escuchado que ya hay algunos planes, y estoy ansioso por conocerlos y decidir por dónde y cómo vamos a empezar. Yo creo que la “presencia pastoral” es precisamente eso, “estar presente.” Yo no pretendo resolver todos los problemas, pero estoy dispuesto a escucharlos. Yo seré un Pastor y con la ayuda del Espíritu Santo, podremos comenzar en la dirección correcta.

Yo estaré con ustedes como su Pastor, yo estaré con ustedes como quien soy, con mi propia personalidad, con mis virtudes y mis defectos. Eso es lo que les puedo prometer.