El “Regalo Desde Dentro del Regalo”

El “Regalo Desde Dentro del Regalo”

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Monseñor Francis Cilia

Dar gracias se ha llamado “el regalo desde dentro del regalo.” En el relato del evangelio de la sanidad de los leprosos (Lucas 17: 11-19), aunque los diez fueron sanados, solo uno regresó para agradecer al Señor. Solo él parecía ser el destinatario de ese segundo regalo, la capacidad de dar gracias. Cada vez que damos gracias, compartimos el doble.

Necesitamos este regalo hoy, más que nunca.

Cuando me preguntaron sobre la posibilidad de escribir este artículo para la edición de Acción de Gracias para el Periódico Diocesano (El Valle Católico) la invitación se formuló en términos de escribir algo para el Día de Acción de Gracias a la luz de la grave situación de nuestro mundo de hoy. Cualquiera que haya vivido más de dos o tres décadas sabe que los profetas de la fatalidad habitualmente afirman que vivimos en los “últimos tiempos,” que los males de esta era superan con creces a los de cualquier otra, que somos un pueblo a la deriva, flotando sin rumbo fijo en el mar del tiempo y espacio. Estos supuestos profetas lo han hecho desde tiempos bíblicos y continúan incluso ahora.

Podemos centrarnos en los males de nuestros días, porque de hecho son muchos: guerra, terrorismo, violencia armada, desprecio por la dignidad de la vida humana, la pobreza y la falta de vivienda, migraciones masivas de refugiados y otros pueblos, y una falta de cuidado para nuestra mundo y su entorno, solo por nombrar algunos. Parafraseando las palabras del Señor: “No se preocupen por el día de mañana, pues el mañana se preocupará por si mismo…a cada día le bastan sus problemas.” (Mateo 6:34).

Sin embargo, centrarnos únicamente en lo que aflige a la humanidad es perder de vista la bondad inherente y los dones de Dios que están presentes en la creación y, lo que es más significativo, en la vida de cada persona.

Al darnos cuenta de que todo lo que somos y todo lo que tenemos son regalos de Dios destruye la trayectoria de los profetas de la fatalidad.

Reconociendo que ninguno de nosotros es hecho a sí mismo, que la vida es el regalo de Dios, que la vida eterna que esperamos está enraizada en el amor compasivo de Dios, comenzamos a comprender nuestra dependencia del Señor, que no nos debe absolutamente nada. Esta dependencia no es una debilidad, sino una señal de nuestra humanidad; nuestra capacidad y voluntad de estar delante del Señor en el acto de acción de gracias nos hace verdaderamente humanos. Dar gracias es darnos a nosotros mismos.

Dar gracias, como “el regalo desde dentro del regalo,” nos permite ser administradores de cada regalo que hemos recibido. (Stewardship), corresponsabilidad en español, es realmente un compartir de la responsabilidad de la creación con Dios, quien confió los dones de la creación a la humanidad, como se narra en los primeros capítulos del Libro del Génesis. De hecho, cada regalo, cada bendición que hemos recibido está en camino, a través de nosotros a otra persona. Y somos motivados para orar: “Por todo lo que hemos de dar, gracias. Por todo lo que será, sí. “(Dag Hammarskjold, segundo Secretario General de las Naciones Unidas).

En el Día de Acción de Gracias, nos unimos a la gente de esta tierra para dar gracias, un acto que hacemos a menudo, ya que los católicos somos un pueblo Eucarístico. Al reunirnos alrededor de mesa de la Palabra de Dios y la Eucaristía, entramos en nuestro gran acto de acción de gracias por la vida, la muerte y la Resurrección de Jesús. Nos unimos a nuestras oraciones de agradecimiento a los suyos y, nutridos tanto por la Palabra como por el Sacramento, encontramos una nueva fuerza para vivir nuestro llamado bautismal y llegar a ser cada vez más el pueblo peregrino de Dios. Hacerlo en el Día de Acción de Gracias es parte del ritmo de nuestras vidas, y nuestra oración de agradecimiento debería ser fácil para nosotros.

El teólogo dominico alemán medieval, Meister Eckhart, enseñó que “si nuestra única oración es de agradecimiento, sería suficiente, y si las únicas palabras que alguna vez dijimos fueran de agradecimiento, eso también sería suficiente.”

Nada de lo que he escrito cambia las nefastas realidades que enfrentamos nosotros, nuestras familias, nuestra Iglesia y nuestro mundo. Pero si nos permitimos verdaderamente ser agradecidos, podemos cambiar, y si pocos cambian, ¿quién puede decir lo que Dios puede hacer, a través de nosotros, para sanar nuestro mundo cansado?

Feliz Día Acción de Gracias para usted, sus familias y sus seres queridos.

Monseñor Francis Cilia es el Vicario General de la Diócesis de San José.