ILM Reflexión de Maria Teresa Canales

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Maria Teresa Canales

En el caminar de esta vida hay muchos momentos de los cuales nos hemos sentido orgullosos y hemos experimentado el sabor del éxito. Y sin lugar a duda hoy es uno de esos momentos que nos  lo regala Dios y la vida nos permite disfrutarlo: Nuestra graduación del Instituto de Liderazgo Ministerial.

Damos gracias a Dios por presenciar este momento, sabemos que no fue sencillo, pues en el camino algunos fueron abandonando los estudios y otros no tuvieron el privilegio de poder continuar. Pero con el esfuerzo, dedicación y compromiso se ha logrado concluir esta etapa de estudios.

Muchas personas de alguna manera han contribuido para lograrlo. Nuestro reconocimiento y agradecimiento a nuestras familias, amigos, nuestros párrocos e instructores que fueron parte esencial en nuestra preparación. Gracias por su apoyo, aliento y soporte, por poner en nosotros la confianza para llevar esa semilla de la fe a otros, para compartir con quienes más necesitan de la paz de Dios.

Durante estos tres años de preparación académica, como grupo hemos compartido experiencias de vida, alegrías, lagrimas, momentos de duda y pruebas de fe. Hemos  sido testigo de nuestras propias debilidades pero también de la fuerza y luz que Dios nos brinda, el cual  nos fortalece y nos ilumina para crecer  en lo espiritual e intelectual.

Después de estos tres años académicos en el Instituto, podemos decir que nos hemos transformado, hemos crecido de manera emocional y ministerial, las experiencias son incontables, cada uno ha sido instrumento de aprendizaje y sabiduría. Después de estos  años de convivencia y empatía hoy podemos decir que nos convertimos en una fraternidad con diversos dones y ministerios que participa y trabaja en la misión de la Iglesia.

Lo hemos logrado compañeros, culminamos con éxito estos tres años de estudios. Sabemos que aun nos queda mucho camino por recorrer.  Le pedimos a Dios que nos ayude para que nuestro liderazgo ministerial no sea de apariencia, sino  que sea de corazón, de acción y de testimonio. El plan de Dios sigue en curso, y nosotros continuaremos nuestro caminar en la vida con la cabeza en alto, con los pies sobre la tierra, con un corazón humilde, pero sobretodo con la bendición de Dios… Gracias.