Un Mensage del Obispo Patrick J. McGrath

Un Mensage del Obispo Patrick J. McGrath

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A medida que nos acercamos a las Elecciones Generales de este otoño, sé que muchos de ustedes – como yo – se encuentran en el proceso de discernimiento de las opciones que nos ocupan antes de la carrera presidencial, así como muchas de las otras elecciones y cuestiones que se decidirán el 8 de noviembre.

Hoy me dirijo a ustedes para formular principios a considerar para llegar a decisiones que estén de acuerdo con la enseñanza católica.

  1. Todo ciudadano que tiene derecho a votar debe hacerlo. Es un deber sagrado y una grave responsabilidad. En el acto de votar, cada persona se convierte en participante en nuestro proceso democrático. Votar es un acto moral, que expresa nuestros valores, nuestra fe, y nuestra esperanza para nuestra nación y el mundo.
  2. Sea informado, lea y estudie los diversos temas y candidatos cuyos nombres aparecerán en la balota. No hay respuestas sencillas a los desafíos que enfrentan nuestra nación y nuestro mundo. Los Estados Unidos están integrados en la sociedad de naciones y no pueden actuar unilateralmente. Siempre hay que considerar el bien de todo el mundo y el bienestar de las personas que tienen mayor riesgo – el “bien común” – en las políticas que rigen las acciones de nuestra nación.
  3. Hay temas morales y sociales claves que deben tenerse en cuenta en la calidad de la propia votación. La enseñanza del Papa Francisco afirma que hay una serie de inquietudes que deben ser incluidas en la toma de decisiones morales. Entre ellas se encuentran el aborto, la pobreza, la pena capital, el cuidado por el medio ambiente, el suicidio asistido, y la inmigración.
  4. No hay ningún candidato “perfecto.” No hay ningún candidato “católico.” Ninguno de los candidatos tiene una posición que está constantemente de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia. El Obispo de San Diego, Monseñor Robert W. McElroy, señala la complejidad inherente de votar: “La votación para los candidatos, es una acción moral compleja en la que el votante debe hacer frente a toda una serie de posiciones competitivas de los candidatos por medio de un solo acto de votar. Es crucial que en votar por un candidato quien apoya el avance de un mal intrínseco, los votantes católicos no tengan la intención de apoyar a ese mal específico, ya que tal intención les implicaría directamente en aquel mal. Sin embargo, los votantes con frecuencia se encontrarán en situaciones donde un candidato apoya una posición intrínsecamente mala, aunque todos los candidatos realistas alternativos apoyan males aún más graves en la totalidad de sus posiciones.”
  5. La Iglesia puede involucrarse directamente en el fomento de los feligreses a votar de una forma u otra en cuestiones de importancia moral. Esto incluiría, por ejemplo, nuestro apoyo de la Proposición 62, la cual eliminaría la pena de muerte, y nuestra oposición a la Proposición 66, la cual aceleraría la implementación de la pena de muerte.
  6. Todo ciudadano católico tiene la responsabilidad de formar su conciencia, considerando la complejidad de las cuestiones, la enseñanza de la Iglesia, y su propia relación con el Señor. Estamos obligados a votar de acuerdo con nuestra conciencia. Como el Papa Francisco afirma en su carta pastoral, La alegría del amor, es el papel de los párrocos el ayudar a formar conciencias, no de reemplazarlas.

En conclusión, los encomiendo a todos ustedes al Señor, para que sean iluminados por el Espíritu Santo que habita en cada uno de ustedes, y para que sea posible participar como ciudadanos responsables en emitir su voto el 8 de noviembre. Mientras lo hagan, les aseguro que todos ustedes están en mis oraciones.