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“No más muerte, no más explotación” Dice el Papa en la frontera de México y Estados Unidos

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Por David Agren
Servicio Católico de Noticias

CIUDAD JUAREZ, México – Hablando desde la plataforma simbólica de la frontera de México y Estados Unidos, el Papa Francisco abogo por la situación de los inmigrantes al tiempo que advirtió a los que se niegan a ofrecer un refugio seguro, dándole paso a sus acciones y actitudes inhóspitas trayendo el deshonor y la autodestrucción ya que sus corazones se endurecieron y “han perdido la sensibilidad ante el  dolor.”

Recordando la historia de Jonás y las instrucciones de Dios para salvar a la ciudad de Nínive por el pecado de sus habitantes diciendo que.  “La injusticia ha infectado su forma de ver el mundo.” La homilía del Papa Francisco, llama a la compasión, el cambio y la conversión en materia de migración.

Aludió a México y Estados Unidos como Nínive, la ciudad y dijo que estaba mostrando síntomas de la “autodestrucción como consecuencia de la opresión, el deshonor, la violencia y la injusticia.” Dijo que la misericordia era una forma de ganarse a los oponentes.

“No podemos negar la crisis humanitaria que en los últimos años ha significado la migración de miles de personas, ya sea por tren, por carretera e incluso a pie, atravesando cientos de kilómetros por montañas, desiertos, caminos inhóspitos”.  Dijo el Papa  Francisco el 17 de febrero para cientos de miles de personas de ambos lados de la frontera.

“Esta tragedia humana que representa la migración forzada hoy es un fenómeno global. Esta crisis, que se puede medir en cifras, nosotros queremos medirla por nombres, por historias, por familias”.

Con la celebración de la Eucaristía termino el viaje de seis días a México en la que el Papa Francisco viajó a las fronteras norte y sur y denunció las afrentas de la discriminación, la corrupción y la violencia. Durante su viaje también pidió a los pueblos indígenas oprimidos frecuentemente por su perdón y castigó a las clases políticas y empresariales privilegiadas, diciendo que sus acciones de exclusión fueron la creación de “tierra fértil” para que los niños caigan en los carteles de la droga y del crimen organizado.

El Papa Francisco pronunció su homilía cerca del Río Bravo, que se ha llevado a tantos migrantes en los últimos años, ya que en vano trataron de entrar a los Estados Unidos en busca de mejorar su suerte con una mejor vida y, más recientemente, la violencia tratando de escapar desde  Centro América.

“Y también deseo en este momento saludar desde aquí a nuestros queridos hermanos y hermanas que nos acompañan simultáneamente al otro lado de la frontera, en especial a aquellos que se han congregado en el estadio de la Universidad del Paso conocido como Sun Bowl. Bajo la guía de su Obispo Monseñor Mark Seitz. Gracias a la ayuda de la tecnología podemos orar, cantar y celebrar juntos ese amor misericordioso que el Señor nos da y que ninguna frontera podrá impedirnos compartir. Gracias hermanos y hermanas, gracias hermanos y hermanas de El Paso por hacernos sentir una misma familia y una misma comunidad cristiana”.
El Papa centró su mensaje  en la migración, junto con los peligros que se encuentran los migrantes en su camino para llegar a sus destinos y las dificultades de sobrevivir a los márgenes de la sociedad sin protecciones.

“Al estar frente a tantos vacíos legales, quedan atrapados en una red que atrapa y destruye siempre a los más pobres”. Dijo el Papa Francisco.

La migración ha marcado a México durante generaciones, aunque el número de mexicanos que salen del país está ahora superada por los que regresan – involuntariamente o de otra manera – las perspectivas de empleo son muy  pobres, una vez más iniciativas fortificadas fronterizas y anti-inmigrantes los acechan.

Irónicamente, México ha asumido un papel poco probable en los últimos años de ejecutor, ya que se  deporta a un número récord de centroamericanos que cruzan el país para llegar a los Estados Unidos. Muchos de esos migrantes son presa de criminales y funcionarios públicos corruptos y los crímenes y el  sufrimiento, tales como, secuestro, robo y violación. La represión mexicana se produjo después de que miles de niños centroamericanos viajan a través de México tratando de escapar de alistamiento forzoso en pandillas y emigran con la esperanza de reunirse con sus padres que viven en las sombras de la sociedad americana, haciendo trabajos de salario mínimo para apoyar a los niños que quedan con familiares y que no han visto en años.

El Papa Francisco dijo, al tiempo que pidió a los sacerdotes, religiosos y laicos que acompañen y protejan a los migrantes a medida que avanzan a través de México – ya que los actos de compasión no siempre son bienvenidos en las autoridades.

“Ellos están en el frente de batalla, a menudo arriesgando sus propias vidas”.  “Por su propia vida es que profetizan la misericordia. Ellos son el corazón latiente y los pies que acompañan a la iglesia que abre sus brazos y los sostiene.” Dijo, el Papa Francisco.

“Son hermanos y hermanas que salen expulsados por la pobreza y la violencia, el narcotráfico y el crimen organizado. Frente a tantos vacíos legales, se tiende una red que atrapa y destruye siempre a los más pobres.

No sólo sufren la pobreza sino además tienen que sufrir todas estas formas de violencia. Injusticia que se radicaliza en los jóvenes, ellos, ‘carne de cañón’, son perseguidos y amenazados cuando tratan de salir de la espiral de violencia y del infierno de las drogas”. ¡Y qué decir de tantas mujeres a quienes les han arrebatado injustamente la vida! Dijo el Papa Francisco

El Francisco terminó su homilía volviendo al ejemplo de Jonás y su llamado a la conversión de Nínive. Llamó a “misericordia, que siempre rechaza la maldad,” una forma de ganarse a los oponentes, diciendo que “siempre se apela a la bondad latente y adormecida en cada persona”, e instó a la gente a seguir el ejemplo de Jonás.
“Del mismo modo que en el tiempo de Jonás, así también hoy nos comprometernos a la conversión”. Dijo el Papa Francisco. “Que nos comprometemos a la conversión. Que seamos signos iluminando el camino y anunciando salvación”.

Ciudad Juárez una vez tuvo la distinción de ser la “capital mundial del crimen”. Más de 10.000 personas perdieron la vida entre 2008 y 2012, los  carteles de la droga se enfrentaron a través de una ruta de contrabando codiciado y los jóvenes fueron seducidos por el dinero fácil en las actividades ilegales que los llevaron a la muerte.

La visita del Papa fue promovida por los funcionarios cívicos como un renacimiento para Ciudad Juárez, aunque los sacerdotes dicen que la ciudad todavía sufre vicios, como la exclusión y la violencia – en menor número que antes – y las personas trabajan con salarios bajos y largas horas en la fábrica en pleno auge de la economía de exportación, donde se ve involucrada toda la vida familiar.